
Con sus manos, creaba maravillosas llamaradas llenas de colores, asombrando hasta al más soberbio. Su traje de arlequín era de ensueño y corría el rumor de que los prodigios de Merlín nunca se compararon con la magia que corría por las venas de este fantástico ser...
Hasta que llegó el gerente de RH con el código de atuendo y su supervisor inmediato tuvo que explicarle que el fuego era prohibido en ese departamento, ya que volvía locas las alarmas contra incendios. Que si él quería, en sus 35 minutos de almuerzo podía hacer maromas con las engrapadoras... siempre y cuando la encargada de proveduría no lo viera.

No hay comentarios:
Publicar un comentario